No solamente ha surgido de la
vida la animalidad, acuática, aérea o terrestre, sino también aquella rama
animal que ha causado al hombre, vertebrado, mamífero y primate, inferior en múltiples
capacidades frente a esos que llamamos bestias, y es debido a esto que, para el
hombre, su capacidad técnica, la creadora, la intelectual, algunas veces
estética otras tantas social, es aquello que lo impulsa y lo mantiene por
delante de quienes han sido marginados por el progreso, y cuyos sentidos no
viajan aun por donde lo imaginario y lo real se complementan.
Pensemos por un momento que
dentro de nuestro inconsciente, en aquel lugar en particular por donde se
forman nuestras decisiones, existe todo un cumulo de pensamientos compuestos
por la influencia de nuestros semejantes, por la experiencia recopilada a lo
largo de muchos aciertos y errores, pero también por aquellas ideas innatas que
surgen de una larga incubación en nuestros genes. Todo aquello, y aun más,
conforman un listado de ideas que usamos en el proceso para la toma de
decisiones, un menú de ideas que nos limita o nos posibilita según sea su
anchura, y del cual dependemos para tomar nuestras resoluciones, todo está
determinado y en función de lo que el inconsciente asimila y almacena.
Es posible, también, que en
el acto de la creación, práctico o estético, recurramos una vez más a nuestro
propio menú ideológico, y que cada chispazo de genialidad se deba al salto de
aquella idea precisa que había logrado encajar en la circunstancia, y es ahí
cuando surge la gran obra, aun cuando no podamos manipular sus tiempos o sus
alcances, pero sí podemos suprimir nuestras limitantes o incrementar nuestras
posibilidades, hacer crecer nuestro menú y mirar como nuestras creaciones
avanzan cada vez más hacia la excelencia.

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